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Con la exposición de “Leonardia”, trabajo en torno a la visión urbana de Leonardo da Vinci, se realizó cuarta sesión de Seminario Utopías y Distopías de la U. Finis Terrae

El trabajo expuesto por las estudiantes Francisca Díaz y Trinidad Henríquez fue parte del concurso organizado por el Instituto Italiano de Cultura y la Universidad Finis Terrae, en conmemoración de los 500 años desde el fallecimiento del genio florentino.

Con la exposición de “Leonardia”, trabajo en torno a la visión urbana de Leonardo da Vinci, se realizó cuarta sesión de Seminario Utopías y Distopías de la U. Finis Terrae

“Leonardia no es un lugar preciso sino más bien un modo humano de habitar. Nuestro proyecto no ha sido la concepción ni el diseño de un espacio concreto y singular, sino que el descubrimiento y proposición de un conjunto de criterios posibles de ser concretados de diversos modos, en distintos tiempos y múltiples lugares”, explicó la estudiante de Historia de la Pontificia Universidad Católica, Francisca Díaz,  junto a la estudiante de Literatura de la Universidad de los Andes, Trinidad Henríquez, al inicio de la exposición de “Leonardia. Un modo de habitar”. trabajo de investigación en torno a la concepción de ciudad de Leonardo da Vinci. Una investigación realizada en conjunto con los también estudiantes Sebastián Hernández y Josefina Antúnez, bajo la guía del neurólogo y Doctor en Filosofía por la Universidad de Toulouse, Alejandro Serani Merlo.

En la ponencia que dio vida a la cuarta sesión del Seminario Utopías y Distopías organizado por la Facultad de Derecho de la Universidad Finis Terrae, las expositoras abordaron el concepto de ciudad en pensadores como Platón y Aristóteles, la idea de “Ciudad de Dios” desarrollada por San Agustín de Hipona, concepto retomado por Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate donde el sumo pontífice señala que “la ciudad del hombre no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes, sino antes, y mucho más aún, con relaciones de gratuidad, misericordia y comunión”. Asimismo abordaron la perspectiva urbana de la “Utopía” de Tomás Moro, los conceptos del fraile dominico Tomás Campanella en su obra “Ciudad del Sol” y los proyectos nacionales de “urbanismo utópico” desarrollados por el proyecto de ciudades lineales del arquitecto Carlos Carvajal y el proyecto Amereida de la Escuela de Arquitectura de la PUCV.

Usando como marco el diagnóstico de los tiempos actuales realizado por pensadores contemporáneos como el filósofo alemán Hans Jonas, quien plantea que en nuestra época “por primera vez el ser humano toma conciencia de que puede destruir su entorno”, y del Papa Francisco, quien en su encíclica Laudato si’ expone la destrucción de los ambientes naturales y humanos “vinculando estrechamente la suerte del ser humano a la de la naturaleza inanimada”, advirtiendo además que “la destrucción del ambiente no es solo física sino que también moral, social y espiritual” y responsabilizando de esta situación a “una visión tecnocrática y utilitarista del mundo y de las personas”, las estudiantes dieron cuenta de los desafíos actuales para los centros urbanos.

Finalmente las expositoras explicaron la profundidad y razones de los siete criterios para construir un urbanismo en pos del buen vivir extraídos del pensamiento de Leonardo Da Vinci, tales como la importancia de la luz, el agua y la vegetación en la construcción de las ciudades, así como su “caminabilidad”, la necesidad de comulgar con su entorno geográfico y la necesidad de que cada ciudad genere su propia identidad, para lo cual “la existencia y proliferación de espacios de encuentro como agoras, teatros y plazas” resulta indispensable, además de la necesidad de construir un entorno armónico.

“En el orden filosófico la belleza es la síntesis y plenitud de todos los trascendentales: ser, alteridad, unidad, verdad y bondad, que en síntesis armónica realizan la belleza. Lo armónico es lo proporcionado, es decir, aquello donde se da la relación adecuada de cosas desiguales, donde se realiza la perfección, donde no sobra ni falta nada, donde se responde real y verdaderamente a los desafíos que exige la vida en común. Lo armónico supone saber instaurar jerarquías y límites, imponer orden, que no es otra cosa que ordenar lo múltiple a lo uno en función de sabios principios unificadores. Sin racionalidad, sin benevolencia, sin confianza mutua, no hay modo de generar lugares habitables que sean armónicos”, concluyeron las expositoras.


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Jueves, 10 Septiembre 2020