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Horizonte de Desarrollo: revisa el mensaje del rector Nazer sobre la identidad y comunidad

La autoridad sostuvo que “ambos conceptos son el fundamento del camino que nos hemos trazado” y que además “sintetizan nuestra razón de existir”.

Horizonte de Desarrollo: revisa el mensaje del rector Nazer sobre la identidad y comunidad

Queridos académicos:

Durante este segundo semestre, he compartido con ustedes algunas reflexiones sobre el documento Horizonte de Desarrollo que hemos construido como carta de navegación para los próximos años. Hemos revisado las estrategias que nos guían en el camino a la complejidad, meta a la cual debemos caminar con convicción, velocidad e inteligencia. Mi intención ha sido convocarlos a la reflexión y animarlos a avanzar como comunidad.

He dejado como carta de cierre de este año aquella que aborda el tema de la identidad y la comunidad entendiendo que ambos conceptos son el fundamento del camino que nos hemos trazado y, además, porque sintetizan nuestra razón de existir. No es a cualquier costo y de cualquier forma como proyectamos estos años de avance, si no que, precisamente, desde una profundización identitaria y de madurez institucional.

En el Horizonte de Desarrollo declaramos que uno de nuestros principales objetivos es “Constituir una comunidad plenamente identificada con la naturaleza de la organización, en que académicos, estudiantes y administrativos internalicen las implicancias de formar parte de una universidad católica comprometida con la búsqueda del bien, la verdad y la belleza; una universidad que, por su naturaleza, es un foco de evangelización de la cultura”. Esto no es otra cosa que adherir a la misión institucional que todos conocen.

La Universidad Finis Terrae aspira a ser heredera de una larga tradición de universidades católicas que, como bien dice la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae, se distinguen por la “búsqueda libre de la verdad acerca de la naturaleza, del hombre y de Dios”. Es decir, las universidades católicas no están capturadas por ideología alguna, no tributan a otro objetivo que no sea la búsqueda del bien, la verdad y la belleza.

Me parece que esta verdadera libertad académica es especialmente relevante en estos tiempos y desafiante para cada uno de nuestros académicos. Esta verdadera libertad no es sólo una reflexión teórica, sino sobre todo una forma de vida cotidiana que permea nuestra forma de investigar, de hacer docencia, de construir con otras organizaciones una mejor sociedad y cultura. Una forma de hacer universidad que reconoce y valora el vínculo histórico que la une con una rica tradición y que además la proyecta al futuro con un fuerte sentido de trascendencia.

En la Universidad Finis Terrae valoramos el descubrimiento, aplicación, adquisición y difusión de los llamados “conocimientos útiles”, sin embargo, promovemos que estos sean enriquecidos en una reflexión profunda que abarque dimensiones éticas y existenciales que dotan de sentido toda nuestra labor. No existen temas -por más técnicos que ellos parezcan- que no deban integrar estas perspectivas. Construir y descubrir conocimiento implica abrir perspectivas y no restringirlas a su funcionalidad y valor comercial.

Este enriquecimiento debe hacerse en un diálogo multi e interdisciplinar comprometido y respetuoso. Buscamos que nuestros académicos no sólo se sientan parte de la comunidad universitaria, sino que sean además promotores de ella. Que sean generosos para poner los resultados de sus investigaciones al servicio de otros, que se abran a entender perspectivas disciplinares a veces lejanas y que dediquen tiempo a formar a los estudiantes que deberán, en el futuro, tomar la posta del trabajo universitario. ¡Eso es trascender!

La Finis Terrae, como universidad católica, busca colaborar en la tarea evangelizadora de la Iglesia a través de la reflexión teológica, del diálogo fe y razón, que realizan y realizarán algunas de sus unidades, pero también a través de la vivencia de valores cristianos permanentes. El respeto a la vida humana y la promoción de su dignidad están a la base de nuestro fundamento institucional; desde allí que la centralidad en la persona debe ser un horizonte compartido por todas nuestras unidades y académicos.

Sé que estas definiciones, sobre todo aquellas en el plano de la fe, pudiesen generar inquietud en algunos académicos, en particular en aquellos no creyentes. Al respecto me parecen muy iluminadoras las palabras que el Papa Benedicto pronunciara, algunos años atrás en la Universidad de Roma: “¿Qué tiene que hacer o qué tiene que decir el Papa en la Universidad? Seguramente no debe tratar de imponer a otros de modo autoritario la fe, que sólo puede ser donada en libertad. Más allá de su ministerio de Pastor en la Iglesia, y de acuerdo con la naturaleza intrínseca de este ministerio pastoral, tiene la misión de mantener despierta la sensibilidad por la verdad; invitar una y otra vez a la razón a buscar la verdad, a buscar el bien, a buscar a Dios; y, en este camino, estimularla a descubrir las útiles luces que han surgido a lo largo de la historia de la fe cristiana y a percibir así a Jesucristo como la Luz que ilumina la historia y ayuda a encontrar el camino hacia el futuro”. Una universidad católica es un espacio abierto de respeto, donde cada uno de sus miembros tiene un lugar y una misión, donde, desde la centralidad de la persona tan característica de nuestro actuar, puede hacer una valiosa contribución a la inherente misión universitaria y evangelizadora de la institución.

Por estos días inicio el hermoso camino de unos Ejercicios Espirituales. Mi oración estará con cada uno de ustedes y con nuestra Universidad, rogando para que este tiempo de Adviento nos introduzca con fuerza y esperanza en el querer de Dios. A cada uno de ustedes, mi saludo más cariñoso,

Cristian Nazer
Rector


Publicado el:

Martes, 14 Diciembre 2021