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Palabras a egresados 2019 del Decano Ignacio Covarrubias

Compartimos emotivo discurso entregado por la autoridad en la Ceremonia de Egreso

Palabras a egresados 2019 del Decano Ignacio Covarrubias

En nombre de la Facultad de Derecho vayan nuestras más sinceras felicitaciones y esperamos que esta ceremonia no sea el inicio de una despedida, sino que el comienzo de un vínculo que pueda comprometernos en un desafío común. Permítanme, en este momento de alegría, compartir con ustedes estas breves palabras.
 
Aristóteles dijo que el ser humano era el más perfecto de los animales pero que, apartado de la justicia, podría ser el peor de todos. Casi 7 siglos después, S. Agustín de Hipona, en un pasaje no muy conocido, señaló lo siguiente: Ausente la justicia, la soberanía no es más que robo organizado (Ciudad de Dios, 88).
 
Interesante es observar que un agnóstico y un cristiano coincidían en lo imprescindible que es la mirada de lo justo. Más allá de cualquier teorización, advertían lo importante de conocer y adquirir la perspectiva de la justicia en cualquier oficio, especialmente, para el abogado. Y para la vida en común.
 
Creemos que un buen abogado no es sólo aquel que posee competencia profesional si entendemos ésta únicamente como el conocimiento del derecho vigente. No basta con saber lo que dice el Código, ni que el profesor responda esto es así porque lo dice la ley: hay que preguntarse porqué dice lo que dice. Estudiar Derecho es mucho más que aprender el dominio de una disciplina y su aplicación, como si se tratara de una técnica más o menos sofisticada.
 
El abogado que realiza su oficio interpretando y aplicando una norma jurídica, resolviendo una controversia, proponiendo en cláusulas contractuales o en sentencias, las pretensiones relevantes del cliente o de las partes, no da cuenta únicamente de un saber disciplinar.
 
El abogado debe dar cuenta de un querer, de un sentido. Elige hacer lo que sabe, de un modo determinado, que corresponde a un modo de ser adquirido por medio de actos ejercitados a lo largo del tiempo y según ciertas condiciones: el buen abogado se acostumbra a actuar de tal modo, sabiendo lo que hace y realizándolo permanentemente. 
 
Pues bien, en esta tarea, la mirada de lo justo es definitorio. Esa mirada hace que el abogado observe la realidad según una perspectiva en la que no importará tanto si recuerda la formulación precisa de lo que es la justicia o tal o cual norma jurídica. El estar habituado a ese modo de mirar el mundo le será connatural: le resultará fácil mirar de ese modo lo jurídico, porque lo que querrá, siempre, es que cada persona tenga lo suyo, su derecho. 
 
Por eso podemos decir que la mirada del abogado es propiamente jurídica por cuanto mira todo desde la perspectiva del Derecho. Y si el objeto de la justicia es el derecho del otro, la mirada del derecho, entonces, supone necesariamente mirar al otro. Le importa lo que le sucede. El buen abogado mira al otro, vive y ejerce su profesión en función del otro, sea su cliente, sea su alumno o la parte de un juicio. Por ello es que un abogado suele ser no sólo un prestador de servicios profesionales, sino también un buen consejero.
 
Si es cierto que el abogado ha de mirar la justicia del otro, significa que también debe ser un buen ciudadano porque no puede pasar por alto el bien común. Mira el orden social, para ver si acaso cada uno tiene o no lo suyo, si las relaciones entre las personas están “ajustadas”, si las cosas están correcta y armoniosamente dispuestas con sus respectivos titulares. Un abogado no puede realizarse mirando únicamente su metro cuadrado.  
 
Ve claramente que el bien debido no es siempre coincidente con el bien deseado. Y que no por elegir más, necesariamente elige mejor. Por lo mismo, un buen abogado advierte que el razonamiento matemático-económico, provechoso en muchas ocasiones, no siempre coincide con lo justo.
 
Distingue entre el buen contrato y el acuerdo exitoso, pues sabe que no todo lo que se celebra en nombre de la autonomía de la voluntad es por ese solo hecho, legítimo. Un abogado justo debe rechazar todo contrato donde exista enriquecimiento de una parte a costa del empobrecimiento de la otra, aunque los contratantes así lo hayan pretendido o tolerado. 
 
El abogado, con su oficio, contribuye a mejorar o a lesionar el orden jurídico. Si obtiene una ventaja egoísta o colabora en un resultado que no considere lo justo, contribuirá a contaminar el mismo entorno que habita.  
 
En fin, precisamente porque un abogado no puede mirar únicamente su metro cuadrado es que tampoco puede mirar para el lado si observa una injusticia. Sin embargo, mirar a los otros es difícil. Querer la justicia es arduo porque consiste en el ejercicio de un hábito que supone un esfuerzo constante. Como toda virtud, su adquisición comienza en un momento determinado. Y aquí está lo crucial en lo que respecta a nosotros como profesores de la Facultad de Derecho. 
 
Como no podemos querer lo que no se nos ha mostrado ni tampoco podemos hacer de modo constante aquello a lo que no estamos habituados, los profesores somos clave en contribuir a dar cuenta de la mirada de lo justo: para que el estudiante esté llamado a ser justo tiene que palpar que sus profesores no sólo saben Derecho y lo manejan con destreza, sino que procuran, ejercer la justicia. Las palabras persuaden, pero son los ejemplos los que arrastran. 
 
Ignacio Covarrubias C.
 
Muchas Gracias!
 


Publicado el:

Lunes, 13 Mayo 2019